divendres 13 d’agost de 2010


Es como una de esas maquinas de los hospitales. Esas que controlan los latidos del corazón, donde cada latido es un pip… Pip.Pip.Pip.Pip... Siempre ha sido así. Ayer, ahora y mañana. Mientras el pip continúe, tú seguirás con vida. ¿Y si este se detiene? Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiip… Uno largo y constante, sin interrupciones. Desapareció el pip intermitente. Desapareciste tú. Tu mente, tu alma, tus recuerdos. Un sonido que determina el fin de tu existencia. El fin de tu vida.

Y si, siempre ha sido así. Nuestra historia nunca ha tenido latidos regulares. Jamás. Ha sufrido más de una reanimación, más de una muerte momentánea y más de un infarto. Nunca ha tenido latidos estables, siempre ha sufrido. Siempre hemos sufrido. Pero, aún así, siempre ha estado ahí ese maldito (o bendito) pip intermitente que nos mantenía con vida. Nos mantenía aquí, rescribiendo una y otra vez nuestro historial médico, alargándolo, espesándolo, rellenándolo…

Lo que aún no entiendo es cómo hemos llegado a esta cama de hospital. Aún no se como nuestro bendito pip intermitente a pasado a ser un intenso y molesto pip largo y constante, sin opción a revivir…

dissabte 5 de juny de 2010

Superficial.


Me supera la superficialidad. El mundo, queriendo o sin querer, se vende a la imagen, a subir puestos es una escala de popularidad interminable. Quieren mas, buscan el punto máximo de reconocimiento social, olvidándose así de su propia persona, olvidándose así de su propia vida. De esta manera dejan de vivir su vida para vivir la de los demás, dejan de hacer lo que ellos quieren o piensas para acabar haciendo lo que los otros quieren o piensan, buscando la aceptación de los demás en una sociedad basada en la imagen.
Pero por desgracia para el clan de los superficiales, esta imagen no se conserva para siempre, y sus fuerzas por mantener ese estatus acabaran siendo en vano, ya que de polvo venimos y en polvo nos convertiremos…Y lo que acaba quedando es la esencia de la persona, sin poder vestirla con trajes de lujo ni adornarla con joyas baratas.



(Aplicate el cuento...)

divendres 23 d’octubre de 2009

Time.


Me he dado cuenta de que vivo esperando encontrarte detrás de alguna ventada de cualquier coche rojo.

Y esto no es culpa tuya. No. Es mi culpa, mi problema, mi obsesión.

Vivo atada a tu doloroso pero placentero recuerdo que, aunque débil, es intenso y aunque breve se hace largo.
Parece ser que mis emociones han decidido alimentarse de ti, de tus fuertes palabras, de mi debilidad por ellas, de tus breves miradas en tus intensos ojos, de nuestros breves momentos juntos, de mis más lejanos recuerdos.

Y a pesar de que las agujas del reloj ya han dado muchas más vueltas de las que pudiste dar tu en mi vida, sigues estando aquí, sin encontrar el camino por donde viniste.